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| 01/06/2002 |
BUSH EN UNA ESTRATEGIA DE TENSIÓN Denuncian un “ataque nuclear” del terrorismo. |
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Funcionarios del gobierno norteamericano, en un verdadero torneo de discursos y declaraciones, han salido a denunciar presuntos ataques nucleares, biológicos y químicos contra los Estados Unidos. Otra vez, el expediente del terrorismo y del patriotismo son utilizados como arma política por el gobierno de George W. Bush en medio de las denuncias, cada vez más significativas, sobre el fracaso de los organismos de seguridad y de la cúpula gubernamental para prevenir los atentados del 11 de septiembre del 2001. El secretario de Defensa, Donald Ranfeld, señaló posibles ataques contra la Estatua de la Libertad, el Empire State Building, el Puente de Brooklyn, o la contaminación del río Hutson. El Empire State, construído en la década del treinta, era el edificio más alto de Estados Unidos hasta la construcción de las Torres Gemelas derrumbadas por los comandos islámicos el pasado año en el megaatentado que alcanzó también al edificio del Pentágono. Esta alucinante visión se sumó a las declaraciones del vicepresidente Dick Cheney quien sostuvo que “las perspectivas de un atentado futuro contra EE. UU. son casi seguras”. El director del FBI, Robert Mueller consideró, inevitable, que se cometan atentados suicidas contra los estadounidenses. Bob Graham, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, coincidió que los ataques del terrorismo islámico son “inevitables”, mientras las autoridades federales y del estado de la Florida se sumaron al pánico planteando una amenaza no específica contra el agua de la ciudad de Orlando. No es casual el informe de Colin Powell contra los “estados terroristas”. Ahora se sumó a Cuba junto a Irak, Irán, Sudán, Libia y Corea del Norte. Con ello intentan complicar la situación internacional. El ex vicepresidente Jimmy Carter desmintió hace pocos días desde La Habana que Cuba esté construyendo armamento bioquímico con fines bélicos.
Bush en dificultades. ¿Porqué esta estrategia de tensión? Porque el gobierno de Bush está en verdaderos aprietos. Nuevos informes señalan que sabía el 11 de septiembre del 2001 que se iba a cometer un atentado, o varios, de origen presuntamente islámico. Es más, los informes de distintas agencias de seguridad fueron numerosos. No los escuchó, se equivocaron sus asesores -como Condoleezza Rice- o el presidente tomó a la ligera la cuestión, durante un largo como equívoco descanso en su estancia de Texas. El senador demócrata, Joseph Lieberman, ex candidato a vicepresidente de Estados Unidos junto a Al Gore, dijo, tajante: “El aparato de inteligencia militar, policial y diplomático fracasó”. Sea esta la razón u otra, mucho más grave, que se haya permitido el atentado para remontar un grave déficit político, cualquiera que fuera la respuesta, el tema ha deteriorado la imagen de Bush después de haberse mantenido, imbatible, durante varios meses, al frente de las encuestas de opinión pública, como un “gran patriota” que defendió a los Estados Unidos del terrorismo internacional. Bush, además, había recibido, hace algunos meses, el negativo embate de la quiebra de la megaempresa petrolero-financiera Enron Inc., donde aparecen complicados en actos de corrupción y presuntas coimas miembros de su gobierno y dirigentes de empresas de su propia familia. El actual presidente llegó al gobierno tras elecciones muy discutidas, con menos sufragios que su rival demócrata Al Gore y mediante un colegio electoral donde los representantes de La Florida fueron producto de un fraude por sufragios llegados por correo, al parecer, orquestado por su propio hermano, gobernador por ese estado.
Indicios que condenan Son muchos los indicios que condenan a Bush por incompetencia y no son solo los demócratas, los familiares de las víctimas y el periodismo independiente (The Washington Post y The New York Times) quienes lo cuestionan. Ahora también lo hacen diputados y senadores del Partido Republicano, temerosos de que la oleada de descrédito los alcance también a ellos en las elecciones de renovación legislativa que tendrá lugar en noviembre próximo. Hubo una pista filipina, dos informes del FBI y de la Federal Aviation Authority y la detención de Zacarias Moussaoui, un musulmán que tomaba lecciones de vuelo en una escuela de aviación de Minnessota. Todos estos hechos fueron anteriores al fatídico 11 de septiembre e indicaban aspectos sobre la preparación de los atentados. A pesar de las sumas cuantiosas que se invierten en la seguridad norteamericana en algún lugar las fallas permitieron que el desastre se produjera. Un desastre que, ahora se sabe, pudo haber sido previsto y detenido. Ha sido cesado en sus funciones el jefe del contraespionaje de la CIA, Cofer Black, y también están en situación crítica los jefes del FBI y otras oficinas afines. Pero lo que sostienen legisladores y periodistas es que hubo negligencia en la clase política de la Casa Blanca que no pudo, no supo o ignoró los informes.
En la cuerda floja Sea cualquiera la respuesta, la situación de Bush es difícil. A todo ello se suma que el Senado rechazó el “trámite rápido” para la imposición del ALCA en el patio trasero latinoamericano. Además el archienemigo de Washington, Osama bin Laden ha dado indicios de estar vivo en tanto el ulema Omar, jefe de los integristas talibanes, amenaza desde Pakistán a los norteamericanos. Pero lo más grave, para el mundo, es la miopía de Bush, preocupado por atacar Irak o derrocar a Fidel Castro, mientras no ha advertido que la frontera indopakistaní está al rojo vivo y que en esos tumultuosos países, los fundamentalismos hindúes y musulmanes, con ejércitos dotados de armamento nuclear sofisticado, pueden incendiar la región con consecuencias mundiales. |
| PreEnt1 |
* Periodista y analista político. corbiere@sinectis.com.ar |
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