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| 02/07/2002 |
NICARAGUA Quiebra fraudulenta del INTERBANK Preguntitas Sobre Arresto Principal Responsable |
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El contexto Hace algunos días fue publicado un artículo mío en un periódico de circulación nacional y quiero compartirlo también con lectores extranjeros. Para éstos, que quizá desconocen ciertos detalles que naturalmente se omiten en un artículo destinado a lectores nacionales, es necesaria una pequeña contextualización. El 1 de julio pasado fue finalmente capturado uno de los -numerosos- prófugos de la justicia nicaragüense, el señor Alex Centeno Roque. Se acusa a este señor, junto a sus hermanos Saúl y Alvin (todavía sin ser capturados), de ser los principales responsables de la quiebra fraudulenta del Banco Internacional (Interbank) de Nicaragua. El monto total de la supuesta defraudación superaría –entre activos y pasivos- los 200 millones de dólares estadounidenses. El fabuloso consorcio de los Centeno (Consagro), con una velocísima acumulación de capital entre 1998 y 2000, fue calificado en su momento de esplendor como “el imperio Consagro”, habiendo operado principalmente en el área productiva (café, azúcar, ajonjolí, jengibre, camarón), el transporte, el ganado (con laboratorios de mejoramiento genético), y el sector inmobiliario (fincas, propiedades, tierras). Tras la quiebra, resulta tan amplio el número de particulares afectados, así como pequeñas y medianas empresas e intermediarios, que una lluvia de acusaciones se ha abatido sobre los hermanos Centeno, en diferentes tribunales de la capital. Alex Centeno sin embargo, que es considerado como el “cerebro” de estas operaciones, se declara inocente de los cargos, alegando que él no era directivo de ninguna de las instancias del Interbank que asumió la responsabilidad de aprobar los préstamos –millonarios- que ellos obtuvieron para realizar las diversas operaciones que, finalmente, llevaron al banco a la quiebra. Al margen del impresionante número de acusaciones, así como la multiplicidad de tipificaciones judiciales (incluidas la falsificación de documentos y la suplantación –o invención- de personas) y de la aparente cantidad y contundencia de las pruebas acumuladas en contra de estos personajes, cabe una reflexión sobre ciertos aspectos que tienen que ver con el contexto político en el que se produjo la detención de Alex Centeno. La reflexión es a modo de interrogantes, porque son muchas las zonas oscuras que aún ensombrecen el caso, y que muchos aquí esperan –¿ilusoriamente?- se iluminen con el juicio. Porque un imperio comercial de tal magnitud supone una red muy amplia para su funcionamiento. Semejante armazón no sólo integra a los bancos, sino también a diversas instancias administrativas estatales así como a cantidades de empresas preexistentes, cuyos propietarios son personajes muy cercanos a los círculos de poder de ahora y de antes. A continuación, el texto integral que publiqué en un periódico de circulación nacional, con mi dirección electrónica personal, sin que hasta la fecha haya recibido algún mensaje de repudio o de esclarecimiento. El artículo No sé, se me ocurren algunas preguntas a raíz de la detención del señor Alex Centeno. Me las hago como simple observador de los hechos. No sé de quién esperaría una respuesta. Sólo las lanzo a la atmósfera, a ver cuáles regresan por su propio peso y cuáles siguen su rumbo hacia la estratosfera. Según declaraciones de la Policía Nacional, se tenía conocimiento de la presencia de Alex Centeno en territorio hondureño desde cierto tiempo antes de su detención. Se supone que la pesquisa duró cuatro meses. Se alega, y con mucha razón, que los agentes nicaragüenses no podían penetrar en el territorio vecino sin autorización oficial de ese Estado y sin, además, la colaboración de las fuerzas de seguridad catrachas. Con esta única información en manos, la primera pregunta que tiene derecho a hacerse cualquier persona, es la siguiente: ¿Qué motivos tuvo la autoridad hondureña para autorizar en ese momento preciso –y no antes o más tarde- la detención de Alex Centeno?. La elección del momento no puede ser librada al azar en estas cosas tan delicadas, y las razones pueden ser meramente tácticas. Por lo tanto, nada puede conducirnos a no aceptar de buena fe que el momento de la detención haya sido determinado por factores puramente “técnicos”. Pero veamos más adelante, y quizá las otras preguntas que nos hacemos enturbien un poco la claridad técnica inicial que nos vemos obligados a aceptar en un esquema simplista. Dudemos. Dudar es bueno mientras dura el análisis. La mayoría de estas operaciones de inteligencia se llevan a cabo de manera encubierta, por obvias razones operativas. Esto es así en cualquier servicio de inteligencia del mundo y en cualquier operación policial de búsqueda de fugitivos. El mínimo buen sentido lo impone. Para funcionar de manera encubierta los agentes de seguridad tienen muchos subterfugios, técnicas y medios. Entre otros, la utilización de vehículos “banalizados”, para no levantar sospechas, y también (lo cual es muy común en Nicaragua aún entre particulares) la utilización de vehículos con ventanas completamente polarizadas. En muchos países la polarización de las ventanas de vehículos particulares está prohibida, pero no aquí. De modo que la segunda pregunta es la siguiente: ¿Por qué, después de haber utilizado estos recursos policíacos normales y obligatorios en una operación encubierta de servicios de inteligencia, al momento de trasladar a Alex Centeno por todo el norte de Nicaragua hasta Managua, en pleno día, lo ataron esposado en la tina de una camioneta doble cabina, cara descubierta y a la vista de todo el mundo? Todos pudimos observar la escena: el detenido, con un chaleco anti-balas para protegerlo de cualquier venganza, y con una gorrita para protegerlo de la inclemencia del sol. Hay varias conjeturas que se desprenden de esta segunda pregunta: ¿No había lugar en una camioneta doble cabina para el reo? Si se trataba de protegerlo de algún disparo asesino, ¿Por qué no haber favorecido el anonimato total hasta introducirlo sano y salvo en una celda de alta seguridad? Se puede entender, lógicamente, que tras el resultado exitoso de una pesquisa que se supone duró varios meses, la Policía Nacional quiera hacer público el hecho. La camioneta se detuvo el tiempo suficiente para que Centeno fuera filmado y fotografiado cómodamente por la prensa, expuesto y atado casi como un animal peligroso. Pero vamos a la próxima pregunta. Esta tercera pregunta es casi retórica y también se desprende de las dos anteriores a modo de conjetura. Alex Centeno fue capturado en la madrugada del lunes 1 de julio: ¿Por qué coincidió de manera tan exacta el arresto de Alex Centeno con la presencia en esa misma semana en Managua del señor John B. Taylor, Subsecretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica? ¿Y por qué llamaría la atención esta coincidencia? Porque el señor Taylor se encontraba en Nicaragua como parte de una gira destinada a estudiar la posibilidad -o no- de que ciertos países de la región, en función de sus adelantos en la lucha contra la corrupción y las mejoras en la transparencia del sistema judicial, puedan recibir dinero del Fondo del Desafío del Milenio, que ronda los 5.000 millones de dólares. Podríamos decir que el señor Taylor andaba recorriendo las aulas de algún colegio para escoger los alumnos más disciplinados y con mejores notas, y otorgarles una beca especial. Siguiendo esta analogía preguntémonos: ¿Qué alumno que necesita urgentemente recursos, y consciente de semejante oportunidad que se le ofrece, no llegaría ese día al colegio con sus mejores atuendos, no se portaría mejor ese día que en todo el resto del año, no demostraría ese día sus mejores aptitudes participativas? Este aliciente estadounidense en dólares -el Fondo del Desafío del Milenio- aparenta ser una iniciativa positiva (aunque habría que ver los condicionamientos). Pero en el supuesto de que hubiera total transparencia y auténtica buena voluntad desligada de todo interés lesivo por parte del FMI, es decir del lado de allá, quedaría por responder del lado de acá la pregunta de fondo, la que contiene a todas, la más preocupante, la que da miedo hacerse: De no haber habido circunstancias que –hipotéticamente- favorecieron este desenlace, de no haber habido esa manito que da un empujón para que los engranajes empiecen a dar vueltas, ¿cuándo hubiera sido arrestado Alex Centeno? Pero aún: ¿Hubiera sido arrestado? Hay preguntas para todos. Pues queda ésta. Setenta y dos horas después del arresto de Alex Centeno, por esas casualidades de la vida, se reunieron el presidente Enrique Bolaños y el jefe del FSLN, Daniel Ortega. En la conferencia de prensa que ofrecieron al terminar, sólo filtraron motivos “de rutina”. Mi pregunta es algo capciosa, lo acepto: ¿para hablar de asuntos rutinarios, no es como mucha coincidencia que tenga que ser en la misma semana en que se encontraba el señor John Taylor en Managua y que acababa de ser detenido el señor Centeno? Como las preguntas anteriores, ésta también levanta una conjetura que pongo en forma de pregunta retórica: ¿guarda alguna relación con estas cosas la frase que Arnoldo Alemán lanzó este domingo en Masaya, parapetado detrás de esta nueva versión de podio-búnker, cuando al hablar de la lucha contra la corrupción dijo que “sobre todo las medidas deben ser parejas”? Quizá yo escuché mal, debido al enfervorizado tono de dicho discurso. O tal vez el señor Alemán se refería a las medidas parejas que se deben tomar para la confección de algún traje que le estarían haciendo actualmente para alguna ocasión muy especial, sinceramente no sé. Ansío para este país, como la inmensa mayoría de sus habitantes, que la democracia se encamine por los más luminosos caminos que le es permitido a este sistema. Pero no puedo no hacerme preguntas frente a circunstancias de este calibre. Hacer preguntas y hacérselas uno mismo, tratar de entender y comunicar, es la base de nuestro oficio. |
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